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El narcisista en ti, el narcisista en mi… y en todos nosotros.


Nos guste o no, narcisistas somos todos. A todos nos gusta figurar, a todos nos gusta brillar, a todos nos gusta alardear un poco, bastante, mucho o demasiado acerca de lo hot/astutos/inteligentes/atractivos/populares/creativos/whatever que somos, o nos creemos ser.

El tema no es qué tan narcisista es o no es la persona que publica sus selfies en la red, ya sea en Twitter, Instagram, Facebook, etc., sino, qué tan narcisistas somos nosotros que lo registramos. Porque esa es la regla básica de la verificación de una proyección, si lo ves o registras en otra persona, está en ti.

En este tema del narcisismo, todos caemos en algún punto del continuo, y como en todo continuo, la clave está en no irse a los extremos. Es un tema muy subjetivo, y si nos pasamos la vida o la mayor parte de nuestro tiempo apuntando el dedo hacia los demás, gritando “¡Narcisista!”, vale la pena recordar que los otros cuatro dedos nos apuntan a nosotros.

Después de todo, por qué te roba tanto la calma que fulano o mengana postee sus selfies, hable de si, llame la atención, grite, suplique e implore: “¡Mírenme, ámenme, apruébenme, idolátrenme!” Tal vez en el fondo nos gustaría un poco, mucho, bastante o demasiado de esa atención que está recibiendo esa persona, o que piensa que recibe, porque en esto de las redes sociales, una cosa es lo que pensamos y creemos y otra muy distinta, lo que es.

No podemos juzgar a alguien basados solamente en un selfie, o en cómo se proyecta a través de sus cuentas en redes sociales, recordemos que estas son solamente fachadas, ediciones de nuestras vidas, no nuestras vidas enteras. Claro, surgirán patrones, podremos trazar conclusiones, nos podremos formar una opinión o una impresión sobre aquella persona, pero no nos olvidemos que al final del día, es solamente eso, nuestra opinión, percepción o impresión subjetiva acerca de esa persona, teñida inevitablemente por nuestra propia experiencia y subjetividad.

Y si nos estamos fijando TANTO en lo que están haciendo todos los demás y pretendiendo ser los jueces morales de la conducta ajena en la red, ¿será que necesitamos mirar hacia adentro en vez de hacia afuera y preguntarnos qué nos pasa para que eso nos dispare así, nos haga tanto ruido?

Al final del día, es tema nuestro si decidimos parar y pensar, antes de publicar algo en redes sociales (sea un comentario, una foto, un estado, etc.) por qué lo estamos haciendo, para qué o para quién. Yo lo hago, no se imaginan cuantos tweets y estados de Facebook quedan sin publicarse, y por supuesto que de vez en cuando y de cuando en vez se me escapa alguno por ahí, después de todo, soy tan narcisista como la próxima persona, quizás un poco menos, quizás un poco más.

Si algún día me cruzan por la calle o me conocen, entonces podrán sacar su propia conclusión final, porque después de todo, aquí en la red, yo también soy solo una fachada. Nos vemos por el camino. - Izzy

El narcisismo en tu red social.


Desde que empecé a usar redes sociales a finales del 2012, me ha resultado fascinante ver cómo usamos esta herramienta y cómo, a través de nuestros tweets, posts, estados, bíos y más, le contamos al mundo quiénes somos, y llenamos (o intentamos llenar) una necesidad de definirnos, etiquetarnos y destacar (u ocultar) distintos aspectos de nuestro self.

¿Nos estamos volviendo más narcisistas?

La Dra. Lisa Firestone advierte que diversos estudios muestran que estamos viviendo en una sociedad cada vez más narcisista, donde los “reality shows” dominan la televisión y Facebook (y Twitter, Whatsapp, y un muy largo etcétera) reemplaza las conversaciones cara a cara.

Data recolectada por la Profesora Jean M. Twenge de 37,000 estudiantes universitarios muestra que los rasgos de personalidad narcisista han aumentado tan rápidamente como la obesidad desde 1980 hasta el presente (esta comparación sugiere que el narcisismo podría llegar a niveles epidémicos).

¿Qué rasgos definen una personalidad narcisista?

Bien, ahora, ¿qué rasgos definen una personalidad narcisista? El DSM-IV define el trastorno narcisista de la personalidad como un patrón de grandiosidad, necesidad de admiración y falta de empatía que empieza al comienzo de la edad adulta y que se da en diversos contextos.

El DSM-IV establece nueve criterios para el diagnóstico del trastorno (de los que se necesitan 5 o más para cumplir con el diagnóstico):

(1) Tener un grandioso sentido de auto importancia (exagerar los logros y capacidades, esperar ser reconocido como superior, sin unos logros proporcionados);

(2) Estar preocupado por fantasías de éxito ilimitado, poder, brillantez, belleza o amor imaginarios;

(3) Creer que es «especial» y único y que sólo puede ser comprendido por, o sólo puede relacionarse con otras personas (o instituciones) que son especiales o de alto status;

(4) Exigir una admiración excesiva;

(5) Ser muy pretencioso, por ejemplo, expectativas irrazonables de recibir un trato de favor especial o de que se cumplan automáticamente sus expectativas;

(6) Ser interpersonalmente explotador, por ejemplo, sacar provecho de los demás para alcanzar sus propias metas;

(7) Carecer de empatía: ser reacio a reconocer o identificarse con los sentimientos y necesidades de los demás;

(8) Frecuentemente envidiar a los demás o creer que los demás le envidian;

(9) Presentar comportamientos o actitudes arrogantes o soberbias.

Por supuesto que aquí ya estamos hablando a un nivel de trastorno o patología, y es que narcisistas lo somos todos, en mayor o menor escala y tener un poco de narcisismo es incluso necesario y saludable (tal es el caso del narcisismo primario y el narcisismo saludable), como todo, en su justa medida.

El narcisismo en tu red social (y hasta en la sopa).

Una serie de estudios recientes que comparan los rasgos y metas de vida de gente joven en la secundaria y universidad con aquellos de generaciones anteriores en el mismo rango de edad, muestran un aumento en valores extrínsecos versus intrínsecos. Nuestra generación actual valora más el dinero, la imagen y la fama por encima de la comunidad, afiliación y auto-aceptación.

Ha habido muchos estudios buscando conexiones entre Facebook y narcisismo. Consistentemente, estos encuentran que quienes puntúan más alto en el Inventario de Personalidad Narcisista tienden a tener más amigos en Facebook, taggearse más a menudo en fotos y actualizar su status más frecuentemente.

W. Keith Campbell indica que la gente a menudo utiliza Facebook para “verse importantes, especiales y ganar atención, status y autoestima.” El problema con este aspecto de las redes sociales es que casi todos presentan una imagen no realista de sí mismos (seleccionando sus mejores fotos para sus perfiles y compartiendo la información más atractiva sobre si).

Bueno, en lo personal, me parece que aquí entra mucho de nuestra naturaleza humana, así como nuestra autoestima, ¿A quién no le gusta compartir esa foto donde salió tan bien (yo salgo fatal en el 90% de las fotos, créanme que me encanta compartir una en la que me parece que salgo bien)? ¿A quien lo le gusta mostrar los aspectos que considera más valiosos, interesantes e importantes de uno mismo? Una vez más, aparte de ser subjetivo, esto también depende de no irse ni a un extremo ni a otro, ¿ustedes que creen?

El “brillo” de otros puede tener efectos psicológicos negativos en sus amigos o seguidores (bueno, ¿y eso es culpa de quien aporta el “brillo” o de quien se “deslumbra” con él y se siente “opacado”? Buena pregunta, ¿no?).

A mí me ha pasado, leo o veo algo que alguien ha posteado en su cuenta de Twitter y siento ese “efecto psicológico negativo”. ¿Creen que cuando le cuento a mi terapeuta me dice “¡Que mal hace esa persona en postear eso, que narcisista!”? ¡Que va! Me dice: “Izzy, al ver o leer eso, ¿qué idea negativa tienes de ti mismo?” y esa es la clave: una distorsión cognitiva (no me siento mal por lo que leo o veo, sino por lo que pienso negativamente de mi mismo a raíz de eso que vi o leí).

Investigaciones con estudiantes de pregrado (en Estados Unidos) mostraron que los estudiantes que más interactuaban con Facebook tenían mayor tendencia a pensar que las vidas de las otras personas eran más felices y mejores. Estos usuarios intensos de Facebook también se comparaban más negativamente a otros y se sentían peor acerca de si mismos (un buen psicólogo cognitivo conductual seguro puede sacar una buena lista de distorsiones cognitivas de este párrafo, los invito a compartirla).

¿Entonces la culpa la tiene Facebook?

Así, la Dra. Lisa Firestone deja claro que si bien Facebook y las redes sociales pueden ser una plataforma para los narcisistas, sería un error concluir que estas son las causantes de este aumento en el narcisismo social.

Este puede tener mucho menos que ver con nuestras redes sociales en línea y más que ver con nuestras redes sociales en el hogar. Inculcar un sentido de autoestima en los niños es importante, pero como todo, en exceso, puede causar más daño que beneficio.

Los estudios lo demuestran, los niños que reciben cumplidos por una habilidad que no han dominado o por talentos que no tienen terminan sintiéndose más vacios e inseguros. La autoestima real se construye en base a elogios por logros reales.

¿Y cuál es la diferencia entre autoestima y narcisismo?

La autoestima representa una actitud construida sobre logros que hemos dominado, valores a los que nos hemos adherido y cuidado que hemos mostrado hacia otros.

El narcisismo se basa en el temor al fracaso o la debilidad, un enfoque sobre uno mismo, un impulso malsano a ser visto como el mejor y una inseguridad profundamente arraigada y un sentimiento subyacente de inadecuación.

¿Y como les enseñamos eso a los niños?

Junto con su padre, el Dr. Robert Firestone, la Dra. Lisa estresa la importancia de que los padres alienten a sus hijos a tener un sentido verdadero de sí mismos. El amor paternal real que hace posible esto incluye calidez, afecto y estar en sintonía con las necesidades del niño, así como ofrecer guía, dirección y control cuando sea apropiado. Este tipo de amor (dentro de los límites saludables) ayuda a los niños a desarrollar una autoestima verdadera en lugar de rasgos de personalidad narcisista.

Así que ya saben, a cultivar esa autoestima sana y buena fuera de línea (offline) para no tener que lidiar con nuestro narcisismo toxico y malo en línea (online). ¡Que estén bien! - Izzy

Fragmentos extraídos del artículo “Is Social Media to Blame for the Rise in Narcissism?” por Lisa Firestone.

El arte de aprender a soltar el “pensar de más”.


Lo dijo Maynard James Keenan en la canción de Tool, “Lateralus”:

Over thinking, over analyzing separates the body from the mind.
Withering my intuition leaving all these opportunities behind.

Es decir: “Pensar de más, sobre analizar separa el cuerpo de la mente. Marchitando mi intuición dejando todas estas oportunidades atrás.”

Y cada vez que escucho esas líneas, no puedo evitar identificarme. Y es que tengo la manía de pensar, analizar, racionalizar, intelectualizar y rumiar de más, soy el afortunado/desafortunado dueño de un discurso interior que no vino con botón de apagado de fábrica.

Toca aprender a apagarlo, o silenciarlo, manualmente.

Esto de pensar de más y sobre analizar también nos sirve de aprendizaje, sobre todo cuando aprendemos a escuchar la vocecita silenciada y/o apagada detrás de este proceso: nuestra intuición.

Porque mientras estas voces interiores nos están abrumando, nuestra intuición nos está mandando un mensaje clarísimo: “¡Cuando estás claro no lo tienes que pensar tanto!”

Hace un par de semanas atrás estaba con mi terapeuta discutiendo si trabajar o no un tema particular en la agenda y me preguntó: “Izzy, ¿quieres que trabajemos sobre esto?” Verán, en estos casos, mi terapeuta tiene una estrategia muy efectiva, me deja pensar 5-10 segundos y ahí viene la frase mágica: “Izzy, lo estás pensando demasiado, si quisieras, no lo pensarías tanto. La intuición no necesita pensar mucho.”

La intuición no necesita pensar mucho. Una frase simple que dice mucho.

Nuestra intuición nos dice muy rápidamente si algo es o no es. Es un sí o es un no. Casi siempre, si empezamos a pensarlo demasiado, es más probable que nuestra intuición nos esté diciendo “no”. O al menos “no ahora” o “no todavía”. Es un “no” o todavía no estamos listos para el “si”.

Ojo, tampoco hablo de actuar sin pensar, saltar sin mirar, dar rienda suelta a la impulsividad. No se trata de irse de un extremo al otro, ningún extremo es bueno ni saludable, aquí hablamos de encontrar el punto medio, el equilibrio.

Cuando nos sale ese “si” o ese “no” del alma, espontáneamente, es nuestro instinto o intuición en el asiento de pasajero de nuestras vidas, haciendo de buen copiloto, en vez de esa voz interior que nos pone a pensar y analizar de más, la que complica lo simple. Y es que no hay nada más rico que no complicarse la mente y simplificar el alma. - Izzy

Aspectos fundamentales de la terapia EMDR.


Les cuento, Sara Staggs es terapeuta especializada en trauma en el DC Rape Crisis Center (una agencia que atiende sobrevivientes de violencia sexual) y apasionada acerca del TETP (trastorno de estrés post traumático), trauma y violencia sexual. Pueden conocer más sobre ella y su trabajo a través de su página “On Trauma Therapy”.

¿Saben qué me encantó de su página? En la sección de “About me” inicia con la siguiente frase: “I know the terror of being betrayed by your body with trauma symptoms.” (Conozco el terror de ser traicionados por sus propios cuerpos con síntomas de trauma). ¡No se imaginan cómo estas palabras tan sencillas resuenan y tienen tanto significado para quienes han sufrido algún tipo de trauma o han sobrevivido eventos traumáticos en sus vidas!

En su artículo “5 Things to Know About EMDR” habla acerca de la terapia EMDR, y como se trata de un enfoque terapéutico que me fascina y sobre el cual he tenido poca oportunidad de hablar, decidí compartir fragmentos de su artículo con ustedes, espero les guste y que la terapia EMDR sea un tema más recurrente en mis blogs.

El trauma se almacena en el cuerpo.

Los sobrevivientes de violación pueden encontrar que ciertas posiciones durante la actividad sexuales repentinamente resultan en una respuesta traumática, de igual manera que los sobrevivientes de asalto se encuentran reaccionando agresivamente y por reflejo antes personas que se les acercan por detrás.

De igual manera en que podemos entrenar a nuestro cuerpo por medio de los deportes, el combate o la defensa personal, para responder por reflejo ante distintas circunstancias, tiene sentido que el trauma se almacene en nuestro cuerpo como otro tipo de circunstancia que requiere de una reacción de reflejo.

La terapia EMDR utiliza la conciencia somática y posterior descarga para trabajar con recuerdos traumáticos.

Cómo son las redes de recuerdos.

Los recuerdos se entrelazan entre sí formando redes, y estas redes se forman por medio de emociones. Si de niños tenemos una experiencia traumática o muy humillante nos causa una profunda impresión y toda experiencia posterior que se sienta de igual forma será agregada a la red.

Cuando se procesa el trauma, se trabaja hacia atrás a partir de un activador o disparador actual (lo que sea que activa en nosotros la respuesta de trauma) hacia los demás recuerdos en la red y a menudo hasta llegar al recuerdo original (el que inicio la red, muchas veces un evento que ocurrió en nuestro infancia).

Los recuerdos traumáticos a menudo involucran una creencia falsa.

Estas redes de recuerdos compuestas por emociones pueden identificarse en base a la creencia central unida a ellas. Si, las creencias centrales son parte de la teoría cognitivo conductual, y aquí se resalta otro aspecto maravilloso de la terapia EMDR, es un enfoque integrativo, que toma en cuenta (y se acopla a) todas las corrientes psicológicas (tanto teóricas como terapéuticas).

Las creencias centrales son los pensamientos más centrales y perdurables, desarrollados desde la infancia, que tenemos acerca de nosotros, los demás y el mundo. Por lo tanto, nuestra red de recuerdos “humillantes” puede estar unido a la creencia central: “Soy un fracaso” o “No soy suficientemente bueno”.

El trauma es un evento o recuerdo que no fue procesado adecuadamente.

Básicamente, los recuerdos traumáticos son verdaderamente abrumadores y no logran ser deconstruidos, evaluados y elaborados de la manera en que los recuerdos no-traumáticos si. En lugar de ello, TODO se guarda (y por esto me refiero a TODO y en CRUDO y SIN PROCESAR, tal cual ocurrió en el momento). Esto significa que guardamos mucho material innecesario que sale a la superficie cuando se activa o dispara el recuerdo, o evitado, dejándonos en vilo ante futuras amenazas (o ante cualquier circunstancia o situación, muchas veces hasta inocua, que dispara el recuerdo y la reacción traumática).

Reprocesar involucra instalar creencias correctas.

A diferencia de las terapias por exposición, la terapia EMDR va un paso mas allá de solamente “desensibilizar”, buscando reprocesar la experiencia del evento traumático para darle un nuevo significado. Entonces, “No soy suficientemente bueno” se convierte en “Soy suficientemente bueno” y esta nueva creencia está completamente internalizada de una manera que no puede lograrse por medio de terapias cognitivas.

¡Saludos y que estén bien! - Izzy

Fragmentos extraídos del artículo: “5 Things to Know About EMDR”, por Sara Staggs.
Imagen: “Broken doll” por AnnMei - http://annmei.deviantart.com/art/Broken-doll-262320676

¿Hablar más de ir a terapia?


Vamos a ser francos, el estigma de ir a terapia existe, nos guste o no. Es algo que la gente asocia con estar enfermos, dañados, locos, etc. Y bueno, hay personas que van a terapia y están “enfermas” porque su salud mental está comprometida, otras tantas no están “dañadas” pero si les han hecho daño o las han lastimado, y otras no están “locas”, pero quizás sufran de un trastorno mental.

También hay personas que van a terapia porque están lidiando con una situación particular muy difícil y necesitan ayuda, guía, orientación y contención. Otras se percatan de que están repitiendo patrones (dándose una y otra vez con la misma pared) y quieren cambiar. Otras quieren entender mejor su historia, la propia y/o la familiar. Muchos van porque desean trabajar en su desarrollo individual y en su crecimiento personal.

Los terapeutas no estamos exentos de nada de esto. Después de todo, somos humanos. El “yo” (ego) está en una lucha constante con su “ello” (el id, o inconsciente) y su “súper yo” (súper ego), mediando entre los deseos de uno y las reglas del otro. Para esto pone en práctica toda una serie de defensas (sanas y naturales en su justa medida) y ante situaciones difíciles, estresantes, traumáticas y límites a veces estas defensas fracasan y caen, permitiendo la entrada del trastorno, el malestar, la enfermedad mental.

Cuando el “yo” del paciente está debilitado, el terapeuta le “presta” el suyo. En la teoría psicodinámica se dice que el terapeuta pone su “yo” sano al servicio del paciente. La palabra clave aquí es “sano”. Cuando tratamos día a día con personas con problemas emocionales y trastornos mentales, nuestra salud mental requiere cuidarse mucho.

Si lo vemos de esta forma, los terapeutas tenemos razones, motivos, derechos y responsabilidades que nos dan permiso para ir a terapia, como seres humanos y como profesionales de la salud mental.

Tomando esto en cuenta, creeríamos que todos los terapeutas vamos a terapia (no necesariamente cierto), y que todos hablamos abiertamente sobre nuestro proceso terapéutico individual (no necesariamente cierto). No hablo de ventilar cada detalle del mismo, sino de ser más abierto al respecto.

No es que tengamos que hacerlo, hablar de ello. Después de todo, cada quien tiene derecho a elegir qué aspectos de su vida personal hace públicos y cuales mantiene en privado. Sin embargo, en el caso de los psicólogos y la terapia, hay buenas razones para hablar de ello.

A mí me gusta hacerlo, y me encanta ver a otros colegas que hacen lo mismo.

¿Por qué? Bueno, primero, porque en Panamá todavía hay mucho estigma y tabú acerca de ir a terapia, y creo que si a los mismos psicólogos nos da pena o vergüenza decir que vamos, ¿cómo esperamos que las demás personas también lo vean como algo normal, positivo y saludable? Para normalizar la terapia, hay que hablar más de ella, empoderarse del proceso terapéutico.

Segundo, aprendemos mucho en terapia. Aprendemos cosas que nos sirven en nuestro desarrollo personal, en nuestro crecimiento individual y también en nuestro trabajo como terapeutas. Elaboramos y entendemos mejor nuestra propia historia, y esto nos permite entender mejor la de nuestros pacientes. Nos hacemos conscientes de los patrones que seguimos repitiendo una y otra vez y aprendemos nuevas alternativas, una mejor manera, una forma más saludable. Disfruto compartir esas cosas, porque uno aprende para poder compartir lo aprendido, o al menos es lo que pienso.

Tercero, creo que como terapeutas, este es uno de esos puntos que no se negocian. Tenemos que ir a terapia o supervisión, no podemos darnos el lujo de descuidar nuestra salud mental y emocional, es nuestra responsabilidad para con nosotros mismos y para con nuestros consultantes. ¡No hay nada peor o más peligroso que un terapeuta que está más revuelto que sus consultantes! Es como una brújula descompuesta, ¡no hay forma de que apunte al norte! Es como un foco dañado, ¡no hay manera que ilumine! ¿Se entiende?

Mientras tanto, yo voy a seguir yendo a terapia, y hablando de ello. Quién sabe, de repente lo que yo les cuento le sirve a alguien con un paciente o cliente, o anima a alguien a ir a terapia o a hablar acerca de su propio proceso. Y todos salimos ganando. - Izzy

El arte de quedar pintado en una esquina.

I. Pintado en una esquina.

Odio quedar pintado en una esquina. Me pasa a menudo. Trazas un plan de acción, haces, dices, ejecutas, y cuando te das cuenta, ahí quedaste, en la maldita esquina. No te queda otra que quedarte ahí parado, sintiéndote varios gradientes de tonto, a esperar que se seque la pintura y logres hacer una salida más o menos digna (más menos que más) o confiar en tus habilidades acrobáticas y gimnásticas, que no son tan buenas como te imaginaste, para emprender la huida, el escape, la fuga; en cuyo caso, dependiendo de qué tan grande es la habitación a cuya esquina te pintaste o qué tan lejos quedaste de la puerta o de la ventana, dejarás un bello rastro de tus pisadas a lo largo de la superficie que acabaste de pintar.

A veces creo que lo mejor es la segunda opción. Claro, dejaste un desastre, pero al menos dejaste algo. Puedes mirar atrás y decir “he ahí las huellas de mi último aprendizaje, la próxima vez seguro calculo mejor”. Es parte aprender a ser más flexible y menos rígido, parte aprender a ser más humano con uno mismo y menos perfeccionista y parte aprender a reírse de uno mismo, porque de seguro no va a ser la última vez que nos pintemos a una esquina nueva, en una habitación nueva, en una casa o un depa nuevo.




II. El psicólogo/escritor, extraño hibrido.

No todos los psicólogos escriben, y no todos los que escriben son psicólogos. El psicólogo/escritor es un extraño hibrido, con el cual habría que sentarse y preguntarle: “Y vos de chiquito, ¿qué querías ser, psicólogo o escritor?” Algo me dice que la mayoría de los niños saben qué es un escritor desde mucho antes de tener la menor idea de qué es un psicólogo.

Yo no sé si de chiquito quería ser un escritor. Mentira, si se, no tenía la menor idea de que eso siquiera existía como una opción vocacional. Obvio que sabía que existían los libros, me gustaba mucho que me los leyeran desde antes de que supiera leerlos por mí mismo (o tirarme en el piso a ver los dibujitos, si no había nadie para descifrarme esos indescifrables símbolos), pero no creo haber dedicado un segundo de mi tiempo infantil preguntándome acerca de quienes los escribían.

Eso sí, desde chiquito, siempre hubo maquinas de escribir en mi casa, ¡y me fascinaban! Podía quedarme horas y horas viendo a mi mamá o a mi papá sentados frente a la máquina, tecleando, jalando la palanca que movía el rodillo, esa sinfonía de ruidos, entre teclas, rodillos en movimientos y el sonido de campanita cuando el rodillo llegaba a su punto final, me maravillaba.

Nada me divertía mas, ni me causaba mayor euforia y éxtasis infantil, que el que mis padres me permitieran sentarme frente a la máquina, pusieran una hoja en blanco en el carril y me dejaran escribir. Y ahí estaba yo, tirando teclas como loco, escribiendo… aunque tenía 4 o 5 años y todavía faltaba mucho para que me enseñaran a escribir.

Mi fascinación por los teclados se manifestaba en cuanto bendito objeto con teclas se cruzara en mi camino en mi día a día y no se salvaban máquinas de escribir, pianos, cajas registradoras, teléfonos, calculadoras, computadoras (claro, muchos años después, cuando las descubrí), etc.

III. Hermosas huellas.

Si bien hay muchas cosas de mi infancia que fui dejando atrás, la fascinación por las teclas, por los teclados y por escribir sigue intacta. Ese chiquito de 4 o 5 años no pensaba ser psicólogo cuando fuera grande, ni tenía idea de lo que era la sexualidad (o si la tenia, pero sin tener idea de saberlo), solo sabía que le fascinaba escribir (aunque no supiera hacerlo y aunque por muchos años disfrutara mucho más el dibujar que el escribir y se imaginara a sí mismo como un dibujante antes que como un escritor), pero por fortuna la psicología y la sexualidad hicieron un buen clic con mis ganas de escribir. Me dan tema.

Por lo menos me quedan dos cosas claras: La primera es que me encanta escribir y las teclas continúan fascinándome. La segunda es que voy a seguir pintándome en una esquina de vez en cuando y de cuando en vez. ¿Y saben qué? Estoy bien con eso, porque tanto la tinta como la pintura secan y dejan una hermosa huella. - Izzy

Meterse el pie en la boca.

Era súper cute cuando lo hacíamos siendo bebés, eso de meternos el pie en la boca; cuando ya somos adultos, no tanto. Sin embargo, a todos nos ha pasado en algún momento. Decimos algo sin pensarlo demasiado, llevados más por la emoción que por la razón y cuando nos damos cuenta, nos metimos el pie en la boca.

"¿Yo dije eso? ¡Pero si todavía ni aprendí a hablar!"

Hablamos, quizás, desde un lugar equivocado. Hablamos desde nuestra ignorancia, intolerancia, prejuicios, ego herido, indignación neurótica, narcisismo magullado, autoestima abollada, resentimiento, amargura, odio, dolor, tristeza, rigidez, miedos; temas, duelos y procesos no elaborados, elaborados a medias o mal elaborados; sombras y proyecciones. Hablamos desde nuestro estado ego niño o padre en lugar de hacerlo desde nuestro adulto, como debería ser.

Pasa bastante en redes sociales.

Se supone que los profesionales de la salud mental hagamos lo posible por no caer en esto, pero al final del día somos tan humanos e imperfectos como cualquiera, seguro que de vez en cuando y de cuando en vez vamos a meter la pata, ¡y de qué manera! En esos momentos, espero nuestro ego y narcisismo no nos cieguen e impidan aceptarlo, tomar responsabilidad y aprender de nuestros errores. 

Porque muchas de las personas que nos leen le dan cierto peso a lo que decimos, cierto valor, y si dan por apropiado y correcto algo que expresamos desde un lugar inapropiado e incorrecto, estamos haciendo bastante daño. 

Es por eso que les pido que nos lean desde un lugar adecuado. Con mente abierta, con criterio formado, con opinión propia. No se crean ni den por hecho todo lo que decimos y expresamos. Que nos lean haciendo caso siempre a su intuición, a su instinto, a su propia brújula. 

"Es impresionante que seas suficientemente flexible para meterte 
el pie en la boca y la cabeza en el trasero al mismo tiempo."

Aprendan a detectar y reconocer cuando alguien escribe, habla o se expresa desde un lugar equivocado. Si se fijan bien, lo van a notar. La sombra siempre se delata cuando se escabulle por ahí. Muchas veces no hace falta ser psicólogo para darse cuenta, con ser humano basta y sobra.

Es más fácil darse cuenta cuando lo que se expresa o se dice va dirigido a otra persona o grupo de personas, a veces hasta un género entero (por ejemplo, esos comentarios generalizados que empiezan con un “Todos los hombres…” o un “Todas las mujeres…”). 

Casi siempre se hace de una forma indirecta, sin decir que se está hablando de alguien en particular, pero se sabe, porque la negación es una defensa perfecta para quien la usa e imperfecta para quienes la perciben. 

Pero usualmente, cuando lo que decimos informa más (y peor) acerca de nosotros que de aquellos a quienes nos referimos, es una buena señal de que estamos metiéndonos el pie en la boca.

O como dice mi terapeuta: “Cuando apuntas el dedo a alguien, estás apuntando tres hacia ti al mismo tiempo.”

Freud era un maestro en encontrar símbolos fálicos en casi todo lo que veía, y dicen por ahí que una vez alguien le preguntó qué simbolizaban los cigarros que tanto disfrutaba fumar. La supuesta respuesta de Freud fue: “A veces un cigarro es solo un cigarro.” 

Y a veces meterse el pie en la boca es solo meterse el pie en la boca, no lo confundamos con perlas de sabiduría. - Izzy

El lado “B” de los trastornos obsesivo-compulsivos.

Desde una perspectiva más fría, clínica y de enfoque psicopatológico, los trastornos mentales menos comunes, más raros, extraños e inusuales suelen ser los más interesantes y fascinantes. Es parte de nuestra sombra como psicólogos y terapeutas que así sea. Yo no voy a ser quien haga de cuenta que no es así.

Muchos de estos trastornos no llegan al DSM, se mencionan brevemente dentro del paraguas de algún otro desorden, se incluyen en la bolsa de “trastornos relacionados no especificados” o quedan en lista de espera a la próxima edición, usualmente porque debido a su rareza afectan a poblaciones clínicas demasiado pequeñas como para ser estadísticamente significativas, pero por ahí están, son el lado “B” de los trastornos mentales.

Con la edición del DSM 5, el trastorno obsesivo-compulsivo, que solía categorizarse bajo los trastornos de ansiedad durante el reinado del DSM-IV, tiene ahora su propia categoría: Trastorno obsesivo-compulsivo y trastornos relacionados.

El trastorno obsesivo-compulsivo se caracteriza por la presencia de obsesiones (Pensamientos, impulsos o imágenes recurrentes y persistentes que se experimentan como intrusas o no deseadas, y que causan ansiedad o malestar importante) y/o compulsiones (Comportamientos o actos mentales repetitivos que el sujeto realiza como respuesta a una obsesión o de acuerdo con reglas que ha de aplicar de manera rígida).


El lado “A”.

Con la nueva categorización del DSM 5 se incluyen en el espectro obsesivo-compulsivo trastornos nuevos, así como otros pre-existentes que antes formaban parte de otra categoría o grupo diagnostico, tales como:

- Trastorno dismórfico corporal: Preocupación por uno o más defectos o imperfecciones percibidas en el aspecto físico que no son observables o parecen sin importancia a otras personas.

- Trastorno de acumulación: Dificultad persistente de deshacerse o renunciar a las posesiones, independientemente de su valor real.

- Tricotilomanía (trastorno de arrancarse el pelo): Arrancarse el pelo de forma recurrente, lo que da lugar a su pérdida.

- Trastorno de excoriación (rascarse la piel): Dañarse la piel de forma recurrente produce lesiones cutáneas.

También tenemos el Trastorno obsesivo-compulsivo y trastornos relacionados inducidos por sustancias/medicamentos y debido a otra afección médica.

El lado “B”.

Los trastornos obsesivo-compulsivos del lado “B” nos llevan en un viaje por el globo, ya que se trata de trastornos culturalmente vinculados, es decir, característico de las culturas, creencias y costumbres particulares de cada región. Entre ellos tenemos:

Shubo-kyofu: Variante de taijin kyofusho (una forma japonesa de fobia social) que es similar al trastorno dismórfico corporal y se caracteriza por miedo excesivo a tener una deformidad corporal. Se trata de un síndrome vinculado culturalmente al Japón. La diferencia con el trastorno dismórfico corporal yace en las diferencias culturales entre occidente y oriente. En Japón, el énfasis se coloca sobre el grupo, a expensas del individuo. ¿Qué significa esto? En el trastorno dismórfico corporal, el temor es de vergüenza debido a la deformidad, mientras que en el shubo-kyofu, el temor yace en que la deformidad personal avergüence u ofenda a las otras personas presentes. Puede aparecer a cualquier edad y a menudo empeora a través del tiempo si no es tratada. Quien la sufre se enfoca obsesivamente en una parte del cuerpo. El foco puede cambiar, pero el miedo se enfoca en una parte a la vez. En Japón, al igual que los demás subtipos de taijin kyofusho , el shubo-kyofu se trata con terapia Morita.

¿En qué consiste la terapia Morita? Bien, el problema con los síndromes vinculados a una cultura específica (en este caso, oriental) es que son resistentes a la medicina y terapia occidentales. Desarrollada alrededor de 1910, la terapia tradicional Morita es una progresión en cuatro fases altamente regimentada diseñada para ayudar al cliente a aprender a aceptar y redirigir sus pensamientos. La fase uno implica reposo en cama en aislamiento total. Las fases dos y tres se enfocan en el trabajo (escribir un diario, trabajo manual y lecturas sobre la importancia de la auto-aceptación y el esfuerzo positivo) y solamente la fase cuatro incluye técnicas terapéuticas.

Koro: Relacionado con el síndrome dhat (una condición encontrada en las culturas del subcontinente indio en la cual los pacientes varones reportan sufrir de eyaculación prematura o impotencia, y creen estar pasando semen en la orina), un episodio súbito de ansiedad intensa de que el pene (o la vulva y los pezones en las mujeres) se retraerá en el cuerpo y posiblemente causará la muerte. Es un síndrome vinculado culturalmente y tiene ocurrencia global, con un historial de casos de histeria masiva en África, Asia y Europa. 

Jikoshu-kyofu: Variante de taijin kyofusho que se caracteriza por miedo a tener un olor corporal desagradable. También se denomina síndrome de referencia olfativo, un trastorno mental en el que hay una falsa creencia y preocupación persistente sobre la emisión de olor(es) corporal(es) anormal(es) que son desagradables y ofensivos para otros individuos. Quienes padecen este síndrome a menudo malinterpretan los comportamientos de los demás como referenciales a un olor corporal que en realidad no existe y no puede ser detectado por otras personas. Este trastorno suele ir acompañado de vergüenza, angustia significativa, conducta de evitación, fobia social y aislamiento social.

Ya saben, ¡que estén bien! - Izzy

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Café con TCC - III: Terapia Racional Emotiva Conductual (T.R.E.C.) - Creencias irracionales habituales.


Las creencias irracionales habituales.

Ellis enuncia las siguientes 11 creencias irracionales que incluyen demandas y otros supuestos que considera los más característicos de los pacientes, de acuerdo a su experiencia clínica:

1) Los humanos adultos tienen una imperiosa necesidad de ser amados o aprobados por toda otra persona significante en su comunidad.

2) Uno debe absolutamente ser competente, adecuado y exitoso en todas las cosas importantes o, caso contrario, uno es una persona inadecuada o inservible.

3) Las personas deben absolutamente actuar honradamente y consideradamente y, si no lo hacen, son unos villanos condenables. La gente es sus actos malos.

4) Es tremendo y horrible cuando las cosas no son exactamente como uno desearía ardientemente que fueran.

5) Las perturbaciones emocionales son causadas externamente y las personas tienen poca o ninguna capacidad para aumentar o disminuir sus sentimientos y conductas disfuncionales.

6) Si algo es, o puede ser, peligroso o temible uno debe estar constante y extremadamente preocupado por ello y seguir haciendo hincapié en la posibilidad de que ocurra.

7) Uno no puede enfrentar las responsabilidades y dificultades de la vida y es más fácil evitarlas.

8) Uno debe ser completamente dependiente de los otros y necesitarlos y uno principalmente no puede conducir su propia vida.

9) Nuestra historia pasada es un importante total determinante de nuestra conducta actual y, si algo ha afectado alguna vez fuertemente nuestra vida, deberá tener indefinidamente similar efecto.

10) Las perturbaciones de las otras personas son horribles y uno debe sentirse sumamente alterado por ellas.

11) Invariablemente existe una correcta, precisa y perfecta solución para los problemas humanos y es tremendo si no se puede encontrar.

Ellis observa que todas las demandas absolutistas pueden agruparse en tres clases:

- Demandas sobre uno mismo (“yo debo…” o “yo necesito…”).
- Demandas sobre los otros (“él debe…” o “tú debes…”).
- Demandas sobre el mundo (“el mundo o la vida debe…”).

Origen de las creencias irracionales.

Según J. Camerini (2004), si bien Ellis reconoce la influencia cultural y parental en la transmisión de los valores, metas y normas de conducta que dan pie a las creencias, le asigna importancia también a lo que considera una tendencia natural e innata de los seres humanos consistente en ser altamente influenciables por esos mensajes y a transformarlos creativamente en demandas rígidas y absolutistas.

Los derivados.

Las creencias irracionales nucleares (demandas absolutistas) traen aparejadas:

- La tremendización o exageración del daño o significado del hecho.
- La no-soport-itis o baja tolerancia a la frustración (BTF).
- La condena global de uno mismo, de otras personas o del mundo.

Los síntomas secundarios.

La teoría también considera las “C” secundarias y terciarias (consecuencias o síntomas secundarios y terciarios). El concepto se basa en que a veces una emoción o conducta puede ser percibida por la persona como un acontecimiento secundario y, de acuerdo a lo que piense sobre el generar otra emoción o conducta secundaria. De la misma manera, pensando sobre el síntoma secundario se puede llegare a uno terciario, y así sucesivamente.

Auto-aceptación versus autoestima.

Respecto al concepto de autoestima, Ellis considera que implica una auto-evaluación o calificación en una escala de valores que se origina a partir de:

- Nuestros éxitos o fracasos con relación a metas o ideales;
- Las opiniones (reales o supuestas) de otras personas (en especial las significativas) sobre nosotros.

Esto resulta una fuente de trastornos, ya que puede conducir tanto a una sobre-valoración insostenible como a una desvalorización peligrosa ante los fracasos o rechazos. Además, es un concepto irracional, por cuanto:

- Nadie tiene éxito en todo ni fracasa en todo y es imposible asignar un valor general a una persona como tal.
- Lo apropiado es calificar a las acciones y no a las personas.
- La opinión de otros no puede modificar lo que realmente somos.

Como alternativa, Ellis propone el concepto de auto-aceptación consistente en algo que podría llamarse el amor incondicional a nosotros mismos, querernos y valorarnos por el hecho de existir, sin calificarnos en ninguna escala de valores.

Encuadre filosófico humanista.

La orientación humanista de la TREC se destaca por:

- El reconocimiento y aceptación de las personas como humanos falibles.
- La ubicación del hombre en el centro de su universo, es decir como el principal responsable de alterarse o no.

Próxima parte: La Terapia Racional Emotiva Conductual de Albert Ellis (Modelo T.R.E.C.) - Práctica de la T.R.E.C.

Rompehechizos y perduraprofecías.

Mi terapeuta siempre me dice que toda persona que llega a tu vida lo hace para dejarte una enseñanza. Yo creo lo mismo, a sabiendas de que esto no es siempre tan evidente, ni tan sencillo de conciliar. Y es que hay personas que llegaron a nuestras vidas y desearíamos jamás lo hubieran hecho, de igual manera que hay quienes ya se fueron y deseamos se hubieran quedado. ¿Qué les puedo decir?, así es la vida, un eterno proceso de aprendizaje.

Más aprendo de mis mentores, guías, supervisores, colegas, pacientes, libros y todo lo demás también, más me doy cuenta de que para muchos, o quizás para todos, nuestra vida adulta tiene todo que ver con dar significado a nuestra infancia, a los anhelos que quedaron en anhelos, en las estrategias de supervivencia que ya no sirven y hay que cambiar o actualizar, en las dinámicas y patrones que hay que romper, para no seguir en esos círculos toxicas, viciosos y perpetuos que parecen permanecer por generaciones en tantas dinámicas familiares.

Y he aquí donde entran los “rompehechizos” y “perduraprofecías”. Quienes lleguen a nuestras vidas podrán cumplir uno u otro rol. Si se ponen a pensarlo, quizás se den cuenta quienes en sus vidas han sido “rompehechizos” y quienes, por el contrario, se ganaron el título de “perduraprofecías”.

Los “rompehechizos” o rompedores de hechizos son aquellas personas que llegan a nuestras vidas y nos abren los ojos, nos quitan la venda, nos regalan una forma nueva de ver el mundo, a los demás y a nosotros mismos. ¡Son esas personas que nos ayudan a crecer! Los que nos dan permiso para dejar de ser o hacer (dejar de ser la víctima, dejar de hacer todo por los demás y nada por nosotros) o para ser y hacer (ser nosotros mismos, hacer lo que nos apasiona). Me gusta pensar que los “rompehechizos” no son “seres de luz”, “iluminados” ni nada por el estilo, sino seres que al haber hecho las paces con su sombra y habiendo reclamado como propios sus aspectos buenos y malos, positivos y negativos, son libres de darse el permiso de compartir su luz, sin negar su sombra.

Los “perduraprofecías” o perduradores de profecías son aquellas personas que, por el contrario, llegan a nuestras vidas como viva encarnación de la repetición de todo aquello de lo que necesitamos liberarnos. Son la piedra perpetua con la que amamos darnos de frente, a toda velocidad y a todo color. Nuestro sabor predilecto de toxicidad. Son los que prefieren que vayamos por la vida con los ojos cerrados, con la venda bien puesta y con la visión más sombría, amenazante y distorsionada del mundo, los demás y nosotros mismos. ¡Son esas personas que no quieren que crezcamos, porque ellos tampoco han podido hacerlo! Son quienes en lugar de repartir permisos, nos legan profecías destinadas a cumplirse: seguir repitiendo el mismo patrón, perpetuar las dinámicas familiares disfuncionales, crecer y vivir acostumbrados a respirar toxicidad. Los “perduraprofecías” le tienen terror a su sombra, todo lo ven proyectado en los demás: lo bueno, lo malo, lo positivo y lo negativo. Tienen mucho miedo de “mirar para adentro”. Y cuando se vive peleado con la sombra, es imposible tener luz para compartir.

Como adultos, tenemos el permiso para elegir quienes queremos ser, tanto en nuestras vidas como en las de los demás, un “rompehechizos” o un “perduraprofecías”. Y ustedes, ¿quién prefieren ser? - Izzy

Café con TCC - II: Terapia Racional Emotiva Conductual (T.R.E.C.) - El ABC de la teoría.



La Terapia Racional Emotiva Conductual (T.R.E.C.) de Albert Ellis - El A-B-C de la teoría.

Ellis, citado por J. Camerini (2004), considera que el núcleo de su teoría está representado por una frase atribuida al filosofo estoico griego Epícteto: “Las personas no se alteran por los hechos, sino por lo que piensan acerca de los hechos”. Ellis resumió su teoría en lo que denominó el “ABC” recordando que  “entre A y C siempre está B”.

El A-B-C de la Terapia Racional Emotiva Conductual de Albert Ellis.

“A” (“Activating Event”) representa el acontecimiento activador, suceso o situación. Puede ser una situación o acontecimiento externo o un suceso interno (pensamiento, imagen, fantasía, conducta, sensación, emoción, etc.).

“B” (“Belief System”) representa en principio al sistema de creencias, pero puede considerarse que incluye todo el contenido del sistema cognitivo (pensamientos, recuerdos, imágenes, supuestos, inferencias, actitudes, atribuciones, normas, valores, esquemas, filosofía de vida, etc.).

“C” (“Consequence”) representa la consecuencia o reacción en ocasión de la situación “A”. Las “C” pueden ser de tipo:

• Emotivo (emociones)
• Cognitivo (pensamientos)
• Conductual (acciones)
• Físico o fisiológico (somatizaciones o reacciones psicosomáticas)

Las consecuencias (“C”).

Con respecto a las consecuencias, la TREC distingue entre las “apropiadas” (“funcionales” o “no perturbadas”) y las “inapropiadas” (“disfuncionales”, “perturbadas” o “auto-saboteadoras”).

Las emociones son necesarias porque cumplen tres funciones en las personas:

• Las emociones nos informan de diversos desequilibrios en nuestra vida.
• Las emociones generan la motivación y el impulso o energía necesarios para actuar
        superando las situaciones negativas o desequilibrios detectados.
• Las emociones son medios de comunicación para informar a los que nos rodean
        sobre nosotros, nuestros deseos y/o intenciones.

De acuerdo con J. Camerini (2004), ante cada situación reaccionamos con emociones y conductas que dependen de nuestra interpretación sobre ella. Algunas reacciones son más apropiadas o funcionales que otras para lograr nuestras metas. La calificación de una reacción como más o menos apropiada o funcional dependerá de dos consideraciones:

• Que la intensidad sea acorde a la situación con referencia a la cual se genera.
• Que favorezca:
         - Preservar la vida
         - Preservar la salud
         - Evitar el sufrimiento
         - Resolver el problema
         - Lograr las metas u objetivos de la persona.

Las emociones (o conductas) inapropiadas se caracterizan por:

• Causar un sufrimiento innecesario o desproporcionado con respecto a la situación.
• Llevar (o implicar) comportamientos “auto-saboteadores” (contrarios a los propios
        intereses u objetivos).
• Dificultar (o impedir) la realización de las conductas necesarias para lograr los
        objetivos propios.
• Estar asociadas a “creencias irracionales”.

Las cogniciones (“B”).

Con respecto a las cogniciones, para una mejor comprensión de sus conceptos Ellis y Dryden, citados por J. Camerini (2004) ejemplifican algunas de ellas:

• Observaciones (no evaluadoras) que se limitan a lo observado: “El hombre está
        caminando”.
• Inferencias (no evaluadoras) que incorporan hipótesis o supuestos que pueden ser
        acertados o erróneos: “El hombre que está caminando intenta llegar a la oficina”.
• Evaluaciones preferenciales (creencias racionales): “Me gustaría tener pareja”.
• Evaluaciones demandantes (creencias irracionales): “Necesito absolutamente
        tener pareja”.

Las evaluaciones demandantes se caracterizan por su rigidez e intolerancia a la frustración.

Es importante diferenciar las inferencias de las creencias, ya que:

• Las inferencias pueden ser acertadas (ajustadas a la realidad) o erróneas.
• Las creencias pueden ser “racionales” o “irracionales”.

Una creencia irracional se caracteriza por:

• Ser lógicamente inconsistente (partir de premisas falsas o resultar de formas
        incorrectas de razonamiento).
• Ser inconsistente con la realidad (no concordante con los hechos, distinto a lo
        observable).
• Ser dogmatica, absolutista, expresada con demandas (en vez de preferencias o
        deseos).
• Conducir a emociones (o conductas) inapropiadas o auto-saboteadoras.
• No ayudar (o impedir) el logro de los objetivos de la persona.

Las demandas.

Ellis descubrió que, habitualmente, los pacientes se perturbaban  por tener pensamientos que se basaban en una actitud demandante. Esta se evidenciaba cuando, debajo de otros pensamientos, aparecía alguno que expresaba una demanda o exigencia absolutista, rígida o intolerante. Estas demandas pueden estar dirigidas hacia el mundo, hacia otras personas o hacia nosotros mismos; lo que se conoce como la triada cognitiva.

Estas demandas están expresadas por frases tales como:

• Yo debería…
• Yo necesito…
• El tiene que…
• El no debe…
• No soporto que…
• Es inadmisible que…

Ellis denominó a las demandas absolutistas: “creencias irracionales”. Más allá de las palabras que se elijan para expresar los pensamientos, lo importante es la actitud. No es lo mismo desear que algo sea de una manera que pretender absolutamente que las cosas siempre sean de esa manera.

No es lo mismo desear y hacer lo posible para que ciertas normas se cumplan, que exigir o demandar que siempre el mundo y las personas actúen de acuerdo a esas normas. No es lo mismo luchar para alcanzar ciertas metas y logros que exigir o demandar que absolutamente siempre se deban cumplir.

En cuanto a las normas: fueron hechas para luchar contra ciertas tendencias naturales que, inevitablemente, siguen y seguirán apareciendo. Aceptar la realidad es el primero y único paso posible para tratar de modificarla o adaptarnos a ella. La intolerancia a la frustración no cambia la realidad.

La alternativa es una actitud preferencial, consistente en desear y luchar para lograr metas y deseos, pero aceptar que algunos  pueden no cumplirse y adaptarse a la realidad que no se puede modificar. Se trata de cambiar una demanda por un deseo o preferencia.

Próxima parte: La Terapia Racional Emotiva Conductual (Modelo T.R.E.C.) - Las creencias irracionales habituales.

La elección de terapeuta según Eric Berne.



¡Hola! A continuación les comparto fragmentos del libro “¿Qué dice usted después de decir hola?” por Eric Berne, creador del análisis transaccional.

Berne asignó las relaciones interpersonales a tres estados del ego de las personas involucradas: el estado Padre (el “superyó” de la teoría psicodinámica), Adulto (el “yo” o “ego” de la teoría psicodinámica) y Niño (el “id” o “ello” de la teoría psicodinámica). Entonces investigó la comunicación entre los individuos en función del estado actual de cada uno. Llamó transacciones a estas interacciones interpersonales y uso la etiqueta de “juegos” para referirse a ciertos patrones de transacciones que surgían repetidamente en la vida cotidiana.

Aquí Eric Berne hace referencia al tema de la elección del terapeuta:

A casi todos los terapeutas les gusta pensar que el paciente los escogió a ellos y a su profesión porque en esta elección por lo menos era racional, inteligente y agudo, por muy confuso que estuviera respecto a todo lo demás. Este sentimiento de ser elegido por mérito – el merito de la profesión de uno y también el merito personal - es sano, y es una de las recompensas de nuestra vocación. Todos los terapeutas, por lo tanto, tienen derecho a recrearse en él y a disfrutarlo lo más posible… durante unos cinco o siete minutos. Después de eso, deberían ponerlo en un estante con sus demás trofeos y diplomas, y olvidarlo permanentemente si quieren que el paciente se ponga bien.

Gran cantidad de personas gastan más dinero destruyéndose a sí mismas con licor, drogas y juego que lo que gastarían en la psicoterapia que podría salvarlos.

Si tiene la posibilidad de elegir libremente, el paciente escogerá un terapeuta según las necesidades de su guion… En muchos casos, la elección se ve forzada por consideraciones económicas.

… la mayoría de los pacientes no eligen libremente a los terapeutas sino que son remitidos o asignados por diferentes “autoridades” a un tipo u otro…

Es en la práctica privada, en la que existe la posibilidad de libre elección, donde empiezan a surgir las selecciones “de guion”, particularmente en la elección entre psiquiatras, psicoanalistas, psicólogos… y entre los miembros competentes y los incompetentes de estas profesiones.

Igualmente, al escoger a un psicoanalista, algunos, por razones de guion, escogen al más ortodoxo posible, otros prefieren más flexibilidad y otros van a “analistas” pertenecientes a escuelas independientes. A veces, la edad o el sexo del terapeuta es importante por razones de guion… Los rebeldes a menudo van a terapeutas rebeldes. Las personas con guiones de fracasados escogen los peores terapeutas posibles…

Hay claros indicios de que tres factores están determinados por las directrices del guion del paciente:

1) Si busca algún tipo de ayuda, o solo deja que las cosas sigan su curso.

2) La elección de terapeuta, cuando hay elección.

3) Si la terapia va a tener éxito o no.

Así pues, una persona con guion de fracasada no irá al terapeuta, o puede escoger a uno incompetente. En este ultimo caso, cuando el tratamiento fracasa, él no solo sigue siendo un fracasado, como exige su guion, sino que además tiene otras satisfacciones que saca de su percance; por ejemplo, puede culpar al terapeuta, u obtener una satisfacción por el hecho de ser el “peor” paciente, o alardear de que estuvo en tratamiento diez años con el Dr. X, gastándose miles de dólares, sin ningún provecho.


El análisis transaccional incorpora muchas definiciones que pueden resultar confusas, por lo que incluí un breve glosario de algunos de los términos utilizados arriba:

1. Guion: Un plan de vida basado en una decisión tomada en la infancia, reforzada por los padres, justificado por acontecimientos subsiguientes, y que culmina en una alternativa elegida.

2. Directrices: Mandos (3), patrones (4) y otro material de guion (5).

3. Mandos: Los ajustes, requerimientos (6) y provocaciones (7) que dominan la conducta de guion (8) del individuo.

4. Patrón: Un estilo de vida basado en instrucciones o ejemplos paternos.

5. Material: Estímulos y respuestas paternos con los que el individuo construye su mecanismo de guion (9).

6. Requerimientos: Una prohibición u orden negativa.

7. Provocación: Conducta no adaptable fomentada o exigida por un padre.

8. Conducta de guion: Conducta que parece más motivada por un guion que por consideraciones racionales.

9. Mecanismo: Los siete elementos que componen un guion.

Fragmentos extraídos del libro “¿Qué dice usted después de decir hola” por Eric Berne.

Café con TCC - I: La terapia cognitiva.


La Terapia Cognitiva:

En el año 1956 el Dr. Albert Ellis inicia una nueva corriente en psicoterapia que hoy se conoce con el nombre de Terapia Racional Emotiva Conductual (TREC).  Algunos años después, en 1962, el Dr. Aaron T. Beck inicia una nueva propuesta en psicoterapia que denomina Terapia Cognitiva (TC), que adquiere gran prestigio por su eficacia para enfrentar la depresión y la ansiedad.  Ambas corrientes, junto con nuevos desarrollos y otras nuevas orientaciones integradoras, conductuales y sociales, están comprendidas en lo que se denomina la corriente cognitiva conductual en psicoterapia.

El paradigma de la psicología cognitiva y de las terapias cognitivas consiste en el principio de la mediación cognitiva. Sintéticamente: La reacción o respuesta emotiva o conductual ante una situación o estímulo está mediada por el proceso de significación o evaluación en relación a los objetivos, metas y deseos de cada persona.

Las estructuras cognitivas, generalmente denominadas esquemas, que dan lugar a las evaluaciones y a las  respuestas, son el resultado de predisposiciones genéticas y del aprendizaje generado a través de las experiencias vividas, propias de cada persona.

Por lo tanto, toda terapia dentro de esta óptica implicará una modificación de estas estructuras con el consiguiente cambio de las evaluaciones que logrará una modificación de las respuestas (emotivas y/o conductuales) del consultante. De esta manera, sin desconocer el enfoque médico biológico de los trastornos, sino sumándose al mismo, este modelo psicoterapéutico aporta al proceso de cambio el concepto de reaprendizaje.

El enfoque cognitivo conductual es cada año más dominante entre las propuestas psicoterapéuticas  y su eficacia  en la práctica clínica es cada vez más reconocida en las investigaciones sobre diversos trastornos, tales como: depresión, adicciones, ansiedad, trastorno de angustia, agorafobia, fobia social, disfunciones sexuales, etc., así como sobre muchos problemas, tales como la violencia, la ira, los conflictos de pareja, etc.

Algunas de las características prácticas más destacadas de este modelo psicoterapéutico son:

  • Su brevedad.
  • Su centrado en el presente, en el problema y en su solución.
  • Su carácter preventivo de futuros trastornos.
  • Su estilo de cooperación entre paciente y terapeuta.
  • La importancia de las tareas de auto-ayuda a realizarse entre sesiones.

Este enfoque apunta al acceso a estructuras muy profundas y a su modificación, con resultados comprobados  y perdurables.

Próxima parte: La Terapia Racional Emotiva Conductual de Albert Ellis (Modelo T.R.E.C.).

Estrés y pérdida de memoria.



¿Cómo se define el estrés?

El estrés es una respuesta normal (e incluso saludable y adaptativa) ante un estresor (evento, situación, estimulo, etc.) específico que percibimos como amenazante, que nos prepara para actuar y moviliza al organismo en caso de emergencia. Es una señal de que algo malo (o algo percibido como una amenaza) está por suceder. Cuando nos sentimos amenazados nuestro organismo reacciona, se prepara para la acción a nivel físico, mental y conductual (nos preparamos para permanecer en el sitio y luchar o huir, la famosa respuesta de lucha o fuga).

¿En qué consiste el estrés “crónico”?

El estrés cumple un rol específico, nos ayuda a reaccionar ante situaciones difíciles y posiblemente peligrosas. El estrés “crónico” sería la respuesta ante uno o más estresores por un período prolongado de tiempo. Involucra una respuesta de parte del sistema endocrino mediante la cual se produce una descarga (que se supone sea temporal) de corticoesteroides. Al prolongarse el estresor, se prolonga el estrés y por ende la descarga de cortisol, ocasionando daño a la salud física y mental de la persona.

¿Cuál es la principal función del cortisol, la hormona del estrés?

El cortisol se descarga ante la presencia de un estresor y su propósito es aumentar los niveles de glucosa en la sangre. Esto es necesario para dotar al organismo del “golpe de energía” que requiere para reaccionar ante el peligro o la amenaza (respuesta de lucha o fuga). Es decir, una descarga o golpe de energía que le permitiría huir del peligro o enfrentarlo. Por supuesto esto colocará al organismo en un estado de alerta o hipervigilancia, lo que significa que si el estresor se prolonga, el organismo estará permanentemente en estado de alerta y produciendo hórmonas de estrés en exceso.

¿De qué manera el estrés podría afectar fisiológicamente la función cerebral?

La segregación excesiva de hormonas de estrés afecta negativamente la función cerebral, particularmente la memoria. Demasiado cortisol altera la manera en la que el cerebro fija recuerdos nuevos o accede a los ya existentes (por eso durante una situación estresante olvidamos cosas o eventos, nos confundimos o nuestra mente queda en blanco y no podemos reaccionar adecuadamente). El estrés prolongado también puede ocasionar daños en el hipocampo, un área del cerebro involucrada en el aprendizaje y la memoria. El cortisol interfiere con los neurotransmisores (químicos utilizados por las células cerebrales para comunicarse entre sí).

¿Qué otros efectos negativos podría desencadenar el estrés?

Efectos físicos (hipertensión, dolores de cabeza, problemas gastrointestinales y sobrepeso), dificultades en las relaciones interpersonales, bajo desempeño laboral o escolar, trastornos del estado de ánimo (depresión) o trastornos de ansiedad (ataques de pánico, trastorno de estrés post traumático), abuso de alcohol o sustancias, entre otros.

Recomendaciones para sobrellevar el estrés:

Encontrar y dedicar tiempo a actividades que disfrutamos, delegar (en el trabajo y en el hogar), seguir una buena dieta, ejercitarse, aprender técnicas de respiración y relajación, dormir bien (por lo menos 8 horas diarias), tener pasatiempos y hobbies, dedicar tiempo a la familia y amistades, mantener una vida sexual activa y saludable (la actividad sexual disminuye los niveles de estrés y ansiedad), buscar ayuda profesional siempre que sea necesario.

Recomendaciones para conservar una buena memoria:

La memoria se puede conservar e incluso mejorar por medio de cambios muy sencillos en nuestros estilos de vida. Incorporar ejercicios para la memoria (rompecabezas, crucigramas, juegos de memoria, trivias, ajedrez, etc.), comer saludablemente, ejercitarse físicamente y reducir los niveles de estrés son algunas estrategias que ayudan a conservar la memoria. Además es muy importante mantenerse intelectualmente activos (leer, aprender cosas nuevas, etc.), socializar y mantener un régimen regular de sueño (gran parte del procesamiento y almacenamiento de recuerdos y memoria ocurre durante el sueño).